La movilidad más sostenible es la que no existe

atasco

Una casa en el campo, un jardín y una barbacoa. Es la imagen idílica de vivienda familiar que el cine nos ha metido entre ceja y ceja. Una imagen que no tiene en cuenta el coste social, económico y medioambiental de una forma de vida alejada de la comunidad cuyo coste pagamos todos.

No hace falta comentar que la vida en el extrarradio es eso: de extrarradio. Alejados del centro y los servicios de todo tipo que ofrece la ciudad -aquello que Jordi Borja define como el salario indirecto-, los miles de chalés con pequeño jardín y piscina comunitaria -en ocasiones individual- que salpican España obligan a sus habitantes, otrora ciudadanos, a organizar su vida conforme a ellos. Organizar su tiempo conforme a los atascos de entrada y salida de las ciudades; organizar su economía conforme al precio de combustibles, mantenimientos y compra de medios de transporte privados; organizar su tiempo libre conforme a las necesidades de mantenimiento de ese pequeña (en esos momentos de trabajo enorme) parcela privada.

Al inicio mencionaba el coste social, económico y mediomabiental. Veamos cada uno.

El coste social: la leyenda de los ciudadanos desaparecidos

Imagen de "Cómo conocí a vuestra madre", sobre un grupo de amigos en  la ciudad deNueva York.
Imagen de “Cómo conocí a vuestra madre”, en Nueva York.

Si eres de esas personas crecidas en el entorno urbano que piensa irse a vivir a un fantástico chalet en el campo quizá deberías plantearte el grado de disfrute del mismo y la importancia que ello tiene en tu día a día. Es algo que todos los que vivimos en un bloque de viviendas hemos pensado alguna vez, las cosas como son. La promesa de tu pequeño castillo con un espacio inalcanzable en un piso, con tu jardín con zonas verdes, en muchos casos con una piscina a tu disposición, es ciertamente tentadora. La realidad, sin embargo, es que para poder disfrutar de ello, el 90% de los españoles hemos de alejarnos de las zonas con, ¡oh, casualidad!, el precio del suelo más caro.

Alejarse físicamente significa que esa quedada rápida con algún amigo para tomar algo después del trabajo va a tener que ser bastante más esporádica “porque tengo que coger el coche”, “porque si no, pillo un montón de atasco”, “porque aún tengo media/una hora de camino”, etc. Ya no digamos bajar una noche a cenar, al teatro, al cine o a ver la nueva exposición del museo “X” o la fundación esa con una actividad tan intensa. Todo eso pasa a ser complicado y caro. Pasa a dar más pereza. Vida social en descenso, vida cultural en descenso, variedad de actividades en descenso…

Pensemos ahora en dentro de 20 años. Con parte de la hipoteca todavía por pagar y 20 años más viejo/a resulta que conducir, que antes no te importaba, es ahora un peñazo. La poca vida social que realizabas, aparte de encontrarte con alguien en un centro comercial -con aparcamiento gratuito, por supuesto-, se limita a alguna comida organizada en tu casa -que para eso tienes casa- y a la familia próxima. Por encima tienes que hacer de chófer para acercar a tus hijos a las citas con sus amigos e incluso ir a recogerlos a las tantas, pues los taxis no llegan a tu casa y, de hacerlo, te costarían más que una noche de hotel en la zona de marcha. Planazo.

El coste económico: lo barato sale caro

Foto: ecomovilidad.net
Foto: ecomovilidad.net

Comentaba justo al final del anterior punto el momento de tener que decidir entre no dormir o fiarse de que tus hijos lleguen sanos y salvos a casa tras una noche de fiesta. Esto se solucionaría, en parte, pagando lo que costase un taxi o teniendo un sitio en donde dormir sin tener que coger carretera -si bien trae consigo otras preocupaciones en las que no entraré-. Cualquiera de las dos opciones dependen, básicamente, del dinero. Puede ser mucho o poco pero, en general, es un coste semanal. ¿Qué pasa, sin embargo, con los costes diarios?.

Eres un adulto con su buen coche como los de los anuncios, con su GPS, climatizador bizona y un montón de glamour. Cuando lo compraste pensaste que mejor algo un poco bueno y equipado, que “para la diferencia de precio” valía la pena. Lo cierto es que has hecho bien. Los 20 días al mes, 200 días al año, que vas a trabajar, con su hora de camino (sí, eran 30 minutos pero las horas punta ya se sabe) y su retención a la ida y a la vuelta hacen que cada año estés con el trasero sentado en el asiento del conductor sus 400 horas sólo para poder trabajar. En ese tiempo podrían fabricarse más de 14 Lamborghini Aventador (vía diariomotor.com) con sus procesos medio artesanales.

¿Cuánto cuesta tu tiempo?, ¿cuánto cuestan 400 horas al año del mismo?. ¿Qué eficiencia tiene este modo de vida?

A esas 400 horas de uso del automóvil para trabajar hay que añadir el uso para hacer compras, ya que lo que encuentras a mano no cubre todas tus necesidades, para bajar a dar una vuelta al centro y para casi cualquier cosa que no sea estar en tu casa, en tu urbanización al margen de la ciudad. Coste de combustible, coste de mantenimiento preventivo y correctivo, coste de aparcamiento. Coste, coste, coste.

Por cierto, se me olvidaba comentar que tu pareja necesita otro, ¿cómo no lo va a necesitar viviendo ahí?. ¡Ah!, ¡y tus hijos también lo necesitarán!.

¿Es rentable tener un vehículo privado? (vía Planeta Futuro en ElPaís)

El coste mediomabiental: lo pagamos todos

Contaminación en Madrid. Foto: forococheselectricos.com
Contaminación en Madrid. Foto: forococheselectricos.com

Hasta ahora el coste era sólo cosa tuya. Tu decisión, tus consecuencias. Llegado al terreno medioambiental, sin embargo, la cosa cambia. Tu decisión de vivir en el campo y en el coche nos afecta a todos. Quien se pueda pagar el Lamborghini Aventador que comentábamos antes y su motor V12 de 700 CV que lo disfrute pero, a poder ser, que no contamine el aire que yo respiro con sus enormes cantidades de emisiones tóxicas. Sean Lamborghinis o coches generalistas, la polución del tráfico urbano es un problema que generan quienes emplean el coche por la ciudad y que sufren quienes no lo hacen.

Se da la paradoja de que una persona que viva en el centro y se mueva andando o en bicicleta prácticamente no emite gases contaminantes y, sin embargo, tiene que sufrir los de los automóviles de los demás. ¿Es eso justo?

Quizá el caso más famoso de este problema sea la ciudad de París, con muy serios problemas de contaminación cuando el clima no le es favorable -no para limpiar, si no para esparcir la boina de contaminación-, pero también ciudades españolas como Madrid o Barcelona han tenido que comenzar a tomar medidas por los elevados niveles de contaminación en las calles. Es un problema muy grave cuya mejor solución es la reducción drástica de los vehículos privados, sobre todo los de motor térmico, en los centros urbanos. Con las nuevas tecnologías esperemos que se encuentre en el inicio de su retroceso. Soy de los que aún tienen esperanzas en que el coche eléctrico y la necesidad comenzarán a reducir la contaminación atmosférica y acústica de nuestras ciudades.

Problemas de la urbanización dispersa, la no-ciudad. Son todos los que están pero no están todos los que son. Las pérdidas energéticas de una vivienda unifamiliar multiplican varias veces las de un piso, los costes de urbanización y la contaminación asociada se disparan, los servicios municipales se encarecen, etc. Esta es sólo una reflexión en voz alta sobre la eficiencia de nuestra forma de vida y de los medios de transporte.

Nuestro proyecto de vida es sin duda el más importante para cada uno pero debe contar con los factores limitativos externos del proyecto común. No lo olvides cuando te enseñen los planos del nuevo “chalet en urbanización de ensueño con piscina comunitaria en un entorno privilegiado”.

Más información: Análisis comparativo coste vehículo privado transporte público GuipuzkoaLa contaminación se enquista en Madrid y BarcelonaContaminación atmosférica y enfermedades respiratorias, ¿Cómo se fabrica el Lamborghini Aventador?, ¿Es rentable tener un vehículo privado?

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Un comentario sobre “La movilidad más sostenible es la que no existe

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