La actual organización de nuestras ciudades es una ruina ecológica, social y económica

Ejemplo de crecimiento desordenado en Santiago de Compostela
Ejemplo de crecimiento desordenado en Santiago de Compostela

El título del post no es más que un pequeño plagio del resumen en forma de tweet que José Fariña Tojo, catedrático de urbanismo de la UPM, hace de su interesante y acertado post titulado “Estas ciudades son una ruina”, publicado en su blog hace sólo unos días.

La sostenibilidad a todos los niveles de las ciudades actuales ha suscitado, desde hace tiempo, un debate sobre su eficiencia en un mundo cuyos recursos naturales no dan más de sí en un contexto de expansión humana permanente.

La situación de crisis general que se vive en España, unido a la resaca del espectacular desarrollo inmobiliario de la década 1998 – 2008, ha hecho que todos nos concienciemos más de las necesidades de frenazo en la expansión urbana de las ciudades. No sólo es que no sea necesaria más vivienda en sí, sino que es irracional el desarrollo urbano hacia las afueras mediante barrios de escasa densidad poblacional, incapaces de mantener un mínimo comercio de barrio, con calles desiertas 3/4 partes de las horas de la semana y sólo pobladas por paseantes (con o sin perro), corredores aficionados o servicios de mantenimiento de parques y jardines, en el mejor de los casos.

La dispersión de la ciudad es un mal que, además, deja tras de sí un entorno urbano disgregado, con enormes lagunas de suelo infrautilizado en ubicaciones lógicas y sostenibles, en calles urbanizadas, con servicios públicos, con vecinos, con algún comercio de barrio que estaría encantado de recibir nuevos vecinos que renueven la sangre del barrio. El ideal de vida entre zonas verdes y piscinas privadas, junto a la especulación urbanística y la incapacidad política de promover leyes que amparen una densidad poblacional sostenible han impedido hasta ahora el aprovechamiento de suelos vacíos y edificaciones existentes, salvo elitistas excepciones siempre demandadas.

Es responsabilidad de políticos y técnicos el desarrollar una labor pedagógica sobre las ventajas en el día a día de la ciudad europea tradicional. Es bonita la idea una urbanización con piscina privada y muchos parques pero es triste tener que coger el coche para tomar un simple café o para comprar una barra de pan. ¿Para qué quiero una urbanización con zonas verdes pudiendo aprovechar los parques públicos de mi ayuntamiento?. ¿Para qué quiero compartir la piscina con mis vecinos pudiendo compartir unas instalaciones mejor mantenidas, mejor vigiladas y dotadas, con mis convecinos?. ¿Qué ventaja tienen los gastos comunitarios de todas estas instalaciones?. ¿Qué eficiencia tiene mover un coche de 1.000 kg para comprar una barra de pan de 1 €?.

Todos queremos un entorno de vida agradable, alejado de los excesos pasados, con calles estrechas, mal orientadas y sin luz, sin zonas verdes y con pisos interiores. Hay que saber explicar que si se promueve un barrio inconexo con 30 viviendas por hectárea no será barrio sino barriada. Funcionará irremediablemente como el dormitorio satélite de una vida en las zonas céntricas o centros comerciales. Hay que saber explicar que una legislación que garantice una densidad poblacional mínima y no máxima no tiene que significar necesariamente un movimiento especulativo a base de viviendas de baja calidad o inhabitables. La legislación puede exigir, con buen criterio, un mínimo de viviendas por hectárea y al tiempo unas orientaciones de fachada, unas zonas verdes mínimas y un uso racional de patios de luces y manzana, por poner un ejemplo.

Os recomendamos la lectura del artículo de José Fariña Tojo en su blog: Estas ciudades son una ruina

3 comentarios sobre “La actual organización de nuestras ciudades es una ruina ecológica, social y económica

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